Por: José Antonio Alcaraz Suárez
Huejutla, Hgo.— En medio del intenso calor de 37 grados de la huasteca hidalguense, Florentino Hernández Saavedra caminaba a paso moderado en dirección a la Plaza 21 de Mayo. Sujetaba firmemente su morral negro, de donde pendía un trapo verde para secarse el sudor.
Junto con otras 28 personas, don Florentino recibieron prótesis y órtesis como parte de un programa del DIF municipal de Huejutla que devolvió más que movilidad; devolvió esperanza. Su historia de vida no pasó desapercibida…

Originario de la comunidad indígena de Apilol, Florentino recuerda con claridad el momento que cambió su vida para siempre. Era el 2013 y trabajaba como albañil en la Ciudad de México cuando una pulidora en disco se rompió: “Me tumbó las dos manos y me agarró también las piernas”, cuenta. Tenía 35 años. Hoy, con 48, sigue luchando.
“En ese momento no sentí nada… hasta el otro día desperté y me dijeron que ya no tenía mis manos”, relata. A partir de ahí comenzó un proceso físico y emocional complejo. “Yo ya no quería regresar a Huejutla… pero mi esposa me animó mucho”, dice, reconociendo en su familia el motor para no rendirse.
Con el paso del tiempo, Florentino aprendió a adaptarse, le pusieron prótesis de gancho “como las del capitán Garfio” . Volvió al campo, a “chapuliar” la tierra con machete, y también a manejar. Hoy trabaja como chofer en el transporte público en la región, enfrentando diariamente los retos de una vida que tuvo que reconstruir desde cero.
“Sí he pedido trabajo, pero no me lo dan… aun así sigo”, comparte, evidenciando las barreras que aún existen para personas con discapacidad.
Las prótesis que recibió en esta jornada representan un cambio importante. Son realistas, de alta calidad, echas en Alemania. “Es la primera vez que tengo unas así… más reales, más útiles. Me siento más cómodo, aunque tengo que practicar mucho”, explica mientras muestra cómo funcionan como una pinza que le permitirá retomar muchas actividades.

Florentino reconoce que en el pasado recibió apoyos, pero no eran funcionales. “Eran más de adorno”, dice sin rodeos. Hoy, su percepción ha cambiado: “Me sorprendió el apoyo… sí ayudan”.
Más allá de lo físico, su historia deja una lección clara: “Uno se desanima, pero si le echas ganas, logras lo que te propones… incluso la gente que habla mal, a veces te da fuerza”.
Con voz firme y mirada tranquila, agradece: “De corazón al presidente Alfredo San Román y a la presidenta del DIF Kristel Rodríguez… no solo por mí, también por todos mis compañeros”.

Hoy, Florentino no solo recibió prótesis. Recibió la oportunidad de volver a empezar… paso a paso, con dignidad y esperanza.

