Por: Tania Martínez Suárez
Me pongo la escafandra para verte
hay que sumergirse en un océano
a veces turbulento
hasta encontrar recuerdos que me ayuden
a entender mi día a día.
Es tú forma de sonreír
el arpegio de tus ojos al hablar
las groserías dichas con desparpajo
es una mañana temprano donde me pregunto
¿qué estarías haciendo ahora?
una llamada que espero me llene con tu voz
un incendio que apago con tu consejo
onírica misiva para despertares dulces.
Vida te nombra y se me hincha el pecho
porque sabe que de ti provengo
de ti mana
pervivirás a través suyo
y en su descendencia.
Salen con facilidad las lágrimas mamá
pero ya no van cargadas de tristeza
hay nostalgia, sí
pero se asoma la alegría de las nuevas proezas
sé que me acompañas
en el sentido espiritual de la existencia
no sé, yo no sé, si hay un después
un cielo o un recoveco donde paramos todos
no lo sé, pero quisiera que volvamos a vernos.
Un abismo fue tú muerte
no se cierra
no se surce
no lo llego a entender o recuperme del todo
pero en su comisura han crecido rosas rojas y flores de manzanilla
han nacido arbustos de lavanda para conjurar los malos tiempos
es una herida que da paso a un jardín.
Puedo atravesar ese mar
porque mi amuleto, que eres tú, sabe hacia dónde nadar
