Por: José Antonio Alcaraz Suárez
Hay una paradoja que la vida repite una y otra vez: a veces a quien más ayudaste termina siendo quien más te decepciona. No porque la ayuda haya sido un error, sino porque no todos saben honrar aquello que reciben.
Está columna es una catarsis. Recientemente me ocurrió una situación con un trabajador y su chalán a quienes, no solo les di trabajo sino también mi confianza, tiempo, consejos, alimentos, unos libros de estoicismo y hasta les preste, en un día lluvioso, un par de chamarras… solo me devolvieron una.
Me siento decepcionado, como si me hubiesen tomado el pelo y hasta cierto punto molesto, porque al final dejaron a medias un trabajo que les pagué y lo único que he recibido son escusas, promesas y más promesas. Está lección me recuerda una parte que enseña el estoicismo: la virtud está en nuestras acciones, no en la respuesta de los demás.
Ayudar con honestidad siempre será un acto noble; esperar gratitud eterna es entregar nuestra paz a la voluntad ajena. Aunque en este caso, reitero, pagué porque se hiciera un trabajo y al final no lo hicieron.
Hay personas que confunden la bondad con debilidad, la generosidad con obligación y la paciencia con permiso para abusar. Cuando eso ocurre, la lección no es dejar de ayudar, sino aprender a poner límites. La compasión también necesita sabiduría.
Hoy, en medio de esta situación me digo: “Antonio, no permitas que una decepción convierta tu corazón en piedra. Que te haga más prudente, no ‘amarguetas’. Quien actúa con rectitud ya recibió su mayor recompensa: conservar su dignidad y su conciencia”.
Ayuda cuando nazca de tus valores, pero hoy más que nunca me recuerda que no todos caminarán contigo después de haberles tendido la mano. Y eso no habla de quién eres tú; habla de quién eligieron ser ellos.
La verdadera fortaleza consiste en seguir haciendo el bien, sin perder la capacidad de distinguir entre quien necesita una mano y quien solo busca un brazo del cual colgarse.
Todo esto me recuerda otras experiencias similares en las que he ayudado a parejas, amigos y hasta familiares que han abusado y hasta que me han bloqueado, todo por exigirles algo que les preste. Más trucha mi Toño.
PD. Les agradecería si me pueden recomendar a un buen albañil que sea responsable y desde luego, sepa hacer bien las cosas.
GRACIAS
