Por: José Antonio Alcaraz Suárez
La primera vez que leí sobre “Los Voladores”, seres inorgánicos parecidos a los dementores de Harry Potter, que se alimentan del sufrimiento, los miedos y las emociones de los seres humanos, fue a través del libro “El lado activo del infinito” de Carlos Castaneda.
Aquella revelación, surgida de las enseñanzas de Don Juan Matus y de los toltecas, me hizo recordar una experiencia que marcó mi vida: la vez que los vi plenamente. Esas entidades que también los llaman “Ángeles de la Guarda”, aunque, de guardianes no tienen nada.
Cuando “nos traen” a encarnar en este mundo, se nos asigna un volador o ángel para “protegernos”, pero su propósito es exactamente lo contrario. Ellos se encargan de ponernos obstáculos. No son seres dignos de confianza y tienen la capacidad de influir en la conciencia humana.
ESTA ES MI HISTORIA
Tenía alrededor de seis años. Como cualquier niño de esa edad, aún conservaba abiertos mis canales de percepción (tercer ojo) y, de vez en cuando, lograba distinguir aquello que iba más allá de las formas físicas, corria el velo de la realidad para adentrarme a lo que llaman “El Reino de los Cielos” o de lo sutil (rapida vibración atómica).
Recuerdo que invitaron a mi familia a una fiesta de quince años de una prima lejana, en el municipio de Tonanitla, Estado de México. Al llegar a la iglesia, lo primero que llamó mi atención fue una enorme estrella de siete puntas incrustada en el piso, justo frente a la entrada del templo. Años más tarde supe que es un pentagrama.
No quise dar un paso más. Me detuve. Sentía un terror inexplicable y no quería entrar a aquel lugar. Sin embargo, mi mamá me jaló y, a regañadientes y entre lágrimas, tuve que ingresar para escuchar la misa.
Ahí comenzó el tormento…
Igual que lo describe Carlos Castaneda, al adentrarse en planos superiores de la energía, el llamado “Reino de los Cielos”, los maestros toltecas observaron conciencias individuales que no poseían cuerpos físicos. Estás entidades se implantan en la mente de los seres humanos para drenarlos, alimentarse de ellos, pues la energía densa generada por los miedos y las emociones negativas son su alimento.
De los óleos y de las figuras religiosas de santos, vírgenes, ángeles, querubines e incluso de la propia imagen de Jesús crucificado, surgían sombras negras que flotaban sobre las cabezas de los feligreses. Se movían como depredadores al acecho, buscando a sus presas.
Aquellas sombras me rodearon.
Por más que cerraba los ojos, no podía dejar de sentir su presencia. Era como si su densidad atravesara mi ser y me recorriera por dentro. No pude hacer nada para evitarlo.
Cuando finalmente salí de la iglesia y volví a sentir los rayos del sol y el aire, experimenté un profundo alivio. Sin embargo, la sensación de que aquellos parásitos me habían seguido, no desapareció.
Durante toda una semana dormí mal. Por las noches, sentía que se presentaban en mi habitación. Tenía mucho miedo cada vez que llegaba la noche. Mis papás ya no sabían qué hacer y pensaban que me había sugestionado demasiado. Recuerdo que tuve que dormir en un sillón, frente al baño y con una luz encendida.
BREVE SIGNIFICADO DE LA MISA
La misa es un ritual oscuro, reptiliano, de extracción energética y de manipulación mental y emocional. Se induce al creyente a sentirse pecador, indigno y temeroso de la furia del Señor. Para obtener su perdón, debe realizar un acto penitencial y, de esa manera, hacerse digno de sentarse en su mesa para comer “el cordero de Dios”.
En ese ritual se revive el sacrificio de un ser inocente al que llaman “Hijo de Dios“. Después, simbólicamente, se come su cuerpo y se bebe su sangre: la de Jesucristo. La Iglesia católica concentra un enorme poder, y no me refiero únicamente al económico…
Para los voladores y otras entidades parasitarias, conocidas como arcontes, los seres humanos somos una fuente de alimento energético. La idea de que ocupamos una posición privilegiada por encima de toda la cadena evolutiva y alimenticia queda en entredicho. Los seres humanos somos una especie de ganado; por eso se nos representa como ovejas, como corderos, guiados por un pastor.
¿Sabes para qué un pastor cuida y alimenta a sus ovejas?
CONTINUARÁ…
