Por: Tania Martínez Suárez
Cosas perdidas
Hace una semana perdí uno de mis aretes favoritos, de hecho el día que los use sentí desde que lo coloqué en mi lóbulo izquierdo que no se había fijado bien, pero llevaba prisa así que salí de casa, no había caminado mucho cuando sentí que ya no pendía de mi oreja; me dio un poco de tristeza porque era de las últimas cosas que conservaba de una etapa de mi vida, regresé a buscarlo, mientras recordaba que esos fueron de los primeros aretes de plata que compré con una señora que pasaba a la oficina por los pagos cada semana.
Viajaron conmigo en las mudanzas que he tenido, también en los viajes, por su versatilidad y tamaño perfecto. Regresé sobre mis pasos ese día, buscando en realidad sin buscar, porque he asumido desde hace tiempo que nada me pertenece en realidad, una parte de mi quería encontrar ese arete y otra no lo necesitaba más. Pasaron los días y lo deje ir, deje de pensar en ello, un par de días después al salir de casa una imagen nítida de la parte de atrás del arete vino a mi mente y al bajar la mirada vi exactamente lo mismo en una grieta en la calle donde vivo, lo levante y en efecto era mi arete, lo guarde en mi bolsillo y una sensación extraña me acompañó todo el día.
El arete estaba un poco golpeado y sucio, seguramente autos y zapatos le pasaron encima, qué probabilidades había de luego de cinco días encontrarlo; si, debo repararlo, pero podré volver a usarlo. Algunas veces parece que hemos perdido algo, que nos quedamos atrás en alguna circunstancia o que alguien se ha ido de forma definitiva, puede ser que luego le encontremos, que regrese a nuestras manos y también que decidamos o no aceptarlo.
Infancias
El 30 de abril se festeja el día internacional de la niña y el niño, y como adultas o adultos, somos niñas y niños obligados a crecer bebiendo café todo el día, una nostalgia grande nos arrolla. Para muchas personas la niñez fue un verdadero regalo; y para la mayoría aunque haya representado una época difícil, solemos recordar la infancia como una época de ensueño, quizá por ello por más pequeños que fueran los gestos de cariño se maximizan, se engrandecen, y eso nos mantiene a flote el resto de nuestra vida.
Ojalá para todas las personas la niñez haya sido la oportunidad de crecer y desarrollarse, de aprender y conocer, que la infancia para las niñas y niños sea un espacio generoso de amor infinito y dicha. !Qué las pequeñas almas que se conforman en la niñez sean cuidadas, protegidas y amadas! Es difícil celebrar, cuando en el mundo entero miles sufren, padecen violencia, pobreza, situación de guerra, desigualdad, y un largo etc. Como sociedad debemos hacer más para que las infancias puedan crecer de forma libre y con todas las oportunidades posibles para desarrollarse. En el marco de este 30 de abril apelo a la empatía, a dejar de lado el adultocentrismo, no solo lo que pensamos como personas adultas importa, la visión de niñas y niños es fundamental para una sociedad más equitativa.
Día del Libro
“Somos lo que pensamos”, dijo Alberth Einstein, es cierto, el pensamiento moldea nuestra realidad, y en gran medida el conocimiento que adquirimos a lo largo de nuestra vida está depositado en los libros, por ende lo que leemos moldean nuestro pensamiento y lo que somos.
El acto de leer implica abrirse a un mundo que no pide justificaciones para existir, que se alimenta de las historias, la lírica, el paso del tiempo, la construcción de escenarios distópicos o la recopilación de datos científicos o estadísticos. La literatura, en todos sus géneros ofrece perspectivas únicas de personas que han dejado un poco de sí en sus escritos, para que incluso siglos después podamos entablar un diálogo imperecedero con esas letras.
El hábito de la lectura en nuestro país según el Módulo sobre Lectura (MOLEC) 2025 del Instituto Nacional de Geografía y Estadística (INEGI), el 45.4% de la población de 18 años y más en áreas urbanas leyó al menos un libro en el último año, un aumento de 3.6 puntos porcentuales respecto a 2024. El promedio de libros leídos aumentó a 4.2 al año, con mayor participación lectora en jóvenes de 12 a 39 años (más del 80%). Estas cifras pueden resultar alentadoras, ya que con anterioridad se reportaba que en promedio se leía un libro al año.
El fomento a la lectura es muy importante desde edades tempranas, para que las prácticas lectoras de la población en nuestro país de verdad mejoren significativamente, para ello hay que pensar también en las lenguas originarias, en la valorización de los procesos orales como puente ideológico entre generaciones. El fomento a la lectura, debe contemplar también procesos escriturales, que ayuden a quien lee, a desarrollar sus propios procesos creativos y así entender desde esa dimensión la literatura.
